jueves, 12 de junio de 2014

Un día cualquiera...

Se cerró la puerta.

Èl contemplaba sus manos como sí fuese
el último recuerdo que su cerebro fuera a guardar.

Sus manos teñidas de rojo por la
sangre que brotaba de sus entrañas y no
parecía temerle a la muerte.

El cuchillo fue lo único que tenía en su cuerpo, en su interior.
Todo lo demás se había esfumado gota a gota derramada... Cada
sueño, esperanza, pensamiento, momentos, instantes se habían
ido con su último suspiro.

Ahora, él tendido en el pis e inerte mientras el
cielo observa la escena y entiende que la vida se va así como llega:
en un instante.

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