Hoy amanecí con ganas de odiarte,
mañana será para amarte y el ayer
para olvidarte; quiza la semana
entrante exista otro nombre que me
permita odiarle.
La profecia de tus labios me parece
extraña, es un cuento largo y a medio
entender para quien la impaciencia
lo ciega.
El veneno de tus ojos empaña el iris
del alma cuando al cielo le da por
llover comentarios impregnados del
ayer.
Y entonces aparecen un par de besos
en la mesa y yo planteo jugar ajedrez
para enriquecer la tensión, aunque
pueda perder, preferible perder un
peón que perder a mi reina en un
juego, que de azar no tiene nada el amor.
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